En la ciudad rusa de Novosibirsk se ha hecho famoso un curioso deporte: el carmaggedon. Se montan en coches cargados de hierros con el único fin de destrozar todos los demás coches. Como en el juego de ordenador, el último coche que quede rodando gana.




Sorprende bastante que los pilotos no se pongan ni un triste casco y que, como parte de las normas del juego, los coches no pueden tener frenos. Con razón la gente mira el espectáculo desde los tejados...

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